miércoles, octubre 18, 2006

Faster Pussycat! Kill! Kill!

Tratandose de Russ Meyer, creador del "nudie", sólo podría tratarse de una película de acción de serie B en la que unas tias tremendas hacen el papel de las despiadadas protagonistas. Sin embargo, esta película cuenta con una trama en cierto modo original: Tres gogós psicópatas aficionadas a las carreras acaban complicandose en un asesinato y tienen que cargar con una testigo, mientras, descubren una fortuna escondida en un viejo rancho sureño, pero antes de apoderarse del dinero deberán deshacerse de los "afortunados" inquilinos. Al final, acaban mueriendo los pocos individuos que salen. La perfecta historia underground californiana que cuenta con unas antiheroínas muy sugerentes, musica country-rock, desiertos inhospitos y carreras con porsches de los 60.


No es una película que aporte nada al desarrollo moral del espectador y tampoco utiliza juegos emocionales. No obstante, resulta muy entretenida y se le pueden atribuir relevantes aportaciones al cine casero, con una violencia no explícita propia de peliculas como "la naranja mecánica". Además, los personajes son, cuanto menos, pintorescos; como el sensible hijo musculoso con fobia a los trenes.

Los actores son mas bien malos, pero le da ese toque estético de cine americano casero y cerrado. Las irremplazables actrices Tura Satana y Haji, dan la sensación de ser tan desvíadas sociópatas como sus alter-ego en la película; con sus características caras de aficcionadas al sado y esa sensación de dominancia. Un conjunto de características que la convierten en una película curiosa y divertida, especialmente para el público masculino.


Si teneís interés de verla doblada deshaceros de la idea, pues no es una película comercial y es difícil encontrarla en castellano, además, el inglés es un inglés americano muy cerrado e incluso mexicano (en el caso de Haji). Así que mejor buscar una versión subtitulada que, además, merece la pena ver la versión original.


Valoración final: 7

Luces de la Ciudad

Esta alocada comedia del inmortal Charles Chaplin demuestra dos cosas: primero, que el género comedia puede producir completas obras maestras, y segundo, que el sentido de la gracia puede perdurar al menos un siglo. El gusto por un tipo de humor u otro puede ser facilmente cosa de modas, y bien es cierto que comedias como "El mundo está loco, loco, loco" están completamente obsoletas y carentes de gracia; sin embargo, "luces de la ciudad" me resulta mucho más entretenida que muchas peliculas modernas, que, a parte de ser malas con avaricia, no son lo más minimo graciosas.

La entrañable trama viene a ser una serie de disparatados sucesos en los cuales nuestro amigo Chaplin conoce a una florista ciega de la cual se enamora, por otro lado entabla amistad con un alcoholico adinerado con tendencias suicidas. La historia se complica cuando amenazan con desauciar a la florista por deber dinero, y mientras, ésta cae enferma, y para mayor desgracia, su amigo el rico resulta no ser tan amistoso estando de resaca, estado en el cual nisiquiera se acuerda de nuestro protagonista. Así que Chaplin deberá ingeniarselas para sacar el dinero suficiente con el que ayudar a su desgraciada amiga. Una trama sabiamente enlazada, muestra de los buenos trucos cinematográficos de éste eminente director-actor-guionista, que con mucha habilidad maneja las emociones del espectador, haciéndole llorar o reír a placer.

Una película obligatoria para quienes busquen una comedia ingeniosa y desenfrenada, así como para aquellos amantes del cine clásico, y muy digna de ver para cualquier espectador. El único minipunto en contra es que Chaplin recurre frecuentemente a los mismos temas: ricos y pobres, la suerte de los tontos y algunos más, pero nada que disuada de contemplar esta gran obra llena de actores competentes.


Valoración final: 8'5

martes, octubre 17, 2006

My Fair Lady

Empalagosa pero eminente pelicula de George Cukor que muestra, a modo de musical, la historia de la joven Eliza Doolittle (Audrey Hepburn), una vulgar florista de condición pobre y de cutre formación educativa, y el reconocido especialista en fonética inglesa Henry Higgins (Rex Harrison), éste apuesta a su reciente colega el Coronel Pickering (Wilfred Hyde-White) que es capaz de hacer pasar a la impertinente señorita Doolittle por una refinada dama de clase alta.


La idea, ya de por si original, esconde (entre cancioncita y cancioncita) un elaborado debate sobre la moral, la igualdad de las personas y el sentido de la felicidad. Además, también muestra su originalidad en la atípica historia de amor presente en la historia; la relación entre Eliza Doolittle y Henry Higgins nunca acaba de cuajar, como demuestra el curioso final de la historia. Ambos son personajes de caracteres testarudos pero hasta cierto punto maleables; Higgins es un personaje egocéntrico y autoconfiado, pero no por ello predecible, y Eliza, en cambio, es más abierta a la experiencia y el aprendizaje, aunque ello no la hace excesivamente complaciente ni pierder sus convicciones.

El resto de los personajes no son menos reseñables; el padre de Eliza, Alfred P. Doolittle (Stanley Holloway) un incorregible vividor de interesantes teorias sobre la ética y la felicidad, y el Coronel Pickering, el empático y entrañable compañero de Higgins; relación que algunos sátiros tacharían de cuasihomosexual.

La puesta en escena es uno de los aspectos más cuidados de la película. La coreografía y la escena se presentan en todo momento sincronizadas, haciendo al espectador predecir inconscientemente la entrada de una toma musical. Además, algunas de las escenas coreografiadas resultan bastante curiosas por su teatralidad, como es la escena inicial de la carrera de caballos. Por otro lado, la actuación de la reluciente Audrey se lleva la palma, que en varias ocasiones ensombrece al ganador del oscar Rex Harrison.

Finalmente, el deslumbrante vestuario demuestra el elevado presupuesto con que cuenta el director. Un ejemplo es el majestuoso vestido blanco que luce Hepburn en una de las escenas más significativas de la cinta, el baile real.

Por estos y más factores "My Fair Lady" se convierte en una película inmortalizada en el cine clásico, que ayuda a apreciar la expresividad propia del cine musical. No obstante, puede pecar de dulzura y no ser recomendable para el espectador diabético (cinematograficamente hablando). Quizás, el cine contemporáneo nos acostumbre a un espectáculo amargo y estresante, de gran crudeza visual, muy diferente al del clásico musical. Por otra parte, al espectador impaciente podría resultarle una película lenta, pero posiblemente debido al largo metraje de la cinta (170 minutos de película).

Como dato final comentar que yo ví la versión doblada y supongo que pierde muchos matices con respecto a la versión original, ya no sólo por las voces en off masterizadas y por la diferencia en expresividad de los actores con respecto a los dobladores; sino por ser una película en la que la música y la fonética juegan un papel evidentemente importante.


Valoración final: 7'5